El fentanilo se ha convertido en una de las mayores amenazas de salud pública de los años 2020, superando incluso a epidemias pasadas como la de los opioides recetados o la heroína. Este opioide sintético, hasta 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más que la morfina, fue diseñado originalmente como analgésico médico, pero su versión ilícita ha causado una ola de sobredosis letales en todo el mundo, especialmente en Norteamérica. Una dosis de solo 2 miligramos puede ser mortal, y su mezcla con otras drogas como la cocaína o pastillas falsificadas lo hace aún más peligroso. En esta década, ha matado a cientos de miles, exacerbado por la pandemia de COVID-19 que aumentó el aislamiento y el consumo de sustancias. Pero el problema no es solo el consumo: el tráfico ilegal, impulsado por cárteles y cadenas de suministro globales, es el motor principal.
El alcance del problema en 2025
En Estados Unidos, epicentro de la crisis, las estadísticas son alarmantes. Según datos provisionales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las muertes por sobredosis cayeron un 27% en 2024, estimándose unos 80.000 fallecidos, el nivel más bajo desde 2019. Sin embargo, el fentanilo sigue siendo el culpable principal en más del 70% de estos casos. Para 2025, informes preliminares indican una estabilización, con alrededor de 87.000 muertes entre octubre de 2023 y septiembre de 2024, una reducción del 24% respecto al pico de 114.000 en 2023. Desde 1999, EE.UU. ha perdido 1,15 millones de vidas por sobredosis, con el fentanilo acelerando la tendencia desde 2015.
Globalmente, el Informe Mundial sobre las Drogas 2025 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) destaca cómo la inestabilidad mundial —guerras, migración y cadenas de suministro disruptivas— ha empoderado a grupos criminales. En Europa, las incautaciones de fentanilo aumentaron un 300% entre 2020 y 2024, mientras en Latinoamérica, México reporta miles de muertes anuales. El tráfico se origina principalmente en precursores químicos enviados desde China a México, donde cárteles como Sinaloa y Jalisco Nueva Generación lo sintetizan y lo envían a EE.UU. a través de fronteras porosas. Un «nuevo triángulo dorado» entre México y EE.UU. vincula el fentanilo con el tráfico de armas y lavado de dinero, según un informe de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional. En 2025, emergen amenazas como los nitazenos, análogos más potentes que el fentanilo, con 18.449 casos en EE.UU. entre 2023 y abril de 2025.
Esta década ha visto el fentanilo evolucionar de un problema médico a uno de seguridad nacional. En diciembre de 2025, el presidente Trump declaró el fentanilo como «arma de destrucción masiva» mediante decreto ejecutivo, facilitando acciones contra traficantes extranjeros. Esto refleja cómo el tráfico no solo destruye vidas, sino que financia crimen organizado y tensiona relaciones internacionales.
Soluciones adecuadas para terminar con el tráfico
Erradicar el tráfico de fentanilo requiere un enfoque multifacético, combinando represión de la oferta, reducción de la demanda y cooperación global. Basado en estrategias implementadas en 2025, como la del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Ley HALT Fentanyl Act firmada por Trump en julio, aquí las más efectivas:
- Disrupción de cadenas de suministro y precursores: La mayoría del fentanilo ilícito se produce con químicos de China. Soluciones incluyen presionar diplomáticamente a Pekín para regular exportaciones, como lo hizo EE.UU. con aranceles en febrero de 2025 presionando por el tráfico de fentanilo y la inmigración irregular de México. En puertos de entrada, donde el 90% del fentanilo entra en autos y camiones, el DHS ha incrementado escáneres de alta tecnología y perros entrenados. La estrategia de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) ha llevado a un aumento drástico en arrestos e incautaciones, enfocándose en importadores de precursores.
- Colaboración internacional y aplicación de la ley: El intercambio internacional de inteligencia y el cierra de fronteras a precursores asiáticos es necesario sumando la aplicación de medidas extremas ante la falta de colaboración de los países de origen. En América, propuestas como las del Senado de EE.UU. en marzo buscan frenar el flujo, la Ley HALT clasifica sustancias relacionadas con fentanilo como de Lista I, dando herramientas a las autoridades para perseguir traficantes. Operaciones trilaterales (EE.UU., México, Canadá) desmantelan redes, abordando la corrupción que facilita el tráfico. Combatir lavado de dinero y tráfico de armas —que arman a cárteles— es clave, persiguiendo bancos y empresas involucradas.
- Reducción de la demanda y enfoques de salud pública: Aunque el foco es el tráfico, reducir el consumo indirectamente lo debilita. Campañas nacionales como la lanzada por EE.UU. en diciembre de 2025 educan sobre peligros, salvando vidas. Programas de reducción de daños, como distribución de naloxona (que revierte sobredosis), su uso ha salvado a miles, por ejemplo, en Carolina del Norte se usaron 16.000 administraciones en 2024. Tratamientos asistidos con medicamentos (MAT) como buprenorfina ayudan a 80-90% de pacientes a dejar drogas ilícitas. Acuerdos legales contra farmacéuticas han generado fondos (US$60.000 millones) para prevención.
En resumen, el fentanilo ha definido esta década como una crisis de adicción y crimen transnacional, pero 2025 muestra progresos con reducciones en muertes gracias a enfoques integrados. Para acabar con el tráfico, la clave es la cooperación global, tecnología en fronteras y atacar finanzas criminales, complementado con salud pública. Sin responsabilidad compartida, el problema persistirá, pero con estas medidas, es posible revertirlo.
