Caracas, 3 de enero de 2026. En un acontecimiento que ha sacudido al mundo entero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció esta madrugada que fuerzas estadounidenses llevaron a cabo un ataque a gran escala en Venezuela, culminando con la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Ambos fueron trasladados fuera del país y llegaron esta tarde a Nueva York, donde enfrentarán cargos federales por narcoterrorismo y tráfico de drogas. La operación, descrita por Trump como «brillante y altamente exitosa», marca un punto de inflexión en la larga crisis venezolana, que ha durado más de una década bajo el régimen chavista.
Todo comenzó en las primeras horas del sábado, cuando residentes de Caracas reportaron fuertes explosiones y sobrevuelos de aviones a baja altura. El humo se elevó desde instalaciones clave como el Fuerte Tiuna, el principal complejo militar del país, y el aeropuerto de La Carlota. También se registraron impactos en el puerto de La Guaira y otras zonas estratégicas. Según fuentes estadounidenses, la acción fue meticulosamente planeada durante meses, involucrando a unidades élite como el Hostage Rescue Team del FBI y fuerzas especiales. El objetivo principal era ejecutar una orden de arresto basada en una acusación federal de 2020, que imputa a Maduro por conspiración de narcoterrorismo, importación de cocaína y posesión de armas destructivas.
Trump, desde su residencia en Mar-a-Lago, Florida, confirmó los detalles en una rueda de prensa improvisada. «Estados Unidos ha realizado con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder, Nicolás Maduro, quien ha sido capturado junto con su esposa y sacado del país», declaró el mandatario. Publicó incluso una fotografía en su red Truth Social mostrando a Maduro a bordo del buque anfibio USS Iwo Jima, con los ojos vendados, auriculares y esposado, sosteniendo una botella de agua. La imagen, que rápidamente se viralizó, simboliza el fin abrupto de un liderazgo que muchos consideran autoritario.
La operación no estuvo exenta de riesgos. El jefe del Estado Mayor Conjunto, general Dan Caine, reveló que los helicópteros recibieron fuego antiaéreo al acercarse al refugio de Maduro, aunque uno de ellos resultó dañado pero pudo regresar. Las fuerzas estadounidenses, agregó, habían estudiado minuciosamente los hábitos del líder venezolano: sus horarios, sus mascotas, incluso la ropa que usaba. «Estábamos preparados para todo, incluso para cortar paredes de acero con sopletes si se atrincheraba», comentó Trump, recordando preparativos similares a operaciones pasadas.
En Venezuela, la reacción fue de caos inicial. La vicepresidenta Delcy Rodríguez apareció en televisión estatal para denunciar una «gravísima agresión militar» y declaró el estado de excepción. «Desconocemos el paradero del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores. Exigimos prueba de vida y su liberación inmediata», afirmó, calificando la acción como un secuestro. Más tarde, el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por el oficialismo, ordenó que Rodríguez asumiera interinamente las funciones presidenciales para garantizar la «continuidad administrativa y la defensa de la nación». Rodríguez insistió en que Maduro sigue siendo el único presidente legítimo y que Venezuela no será «colonia de nadie».
Por otro lado, la oposición celebró con euforia. María Corina Machado, líder opositora y ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2025, declaró: «Venezolanos, ha llegado la hora de la libertad». Desde el exilio y en contacto con gobiernos internacionales, Machado llamó a la calma y a una transición pacífica. En comunidades venezolanas en el exterior, especialmente en Miami y Doral, Florida, miles salieron a las calles con banderas y cánticos de celebración. «Por fin paga por todo el daño que nos hizo», gritaba una manifestante que esperó horas fuera del centro de detención en Brooklyn para ver llegar a Maduro.
Los cargos contra Maduro y Flores son graves. La fiscal general Pamela Bondi desclasificó una acusación ampliada que incluye conspiración de narcoterrorismo, importación de cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos. Se menciona al llamado Cartel de los Soles, una red supuestamente liderada por altos funcionarios venezolanos en alianza con grupos armados colombianos para inundar Estados Unidos con droga. La recompensa por información sobre Maduro había subido a 50 millones de dólares en agosto de 2025, tras designarse al cartel como organización terrorista extranjera. Flores, conocida como «la primera combatiente», también figura en la acusación, junto a otros allegados como el hijo de Maduro, Nicolás Ernesto Maduro Guerra.
Trump no ocultó sus intenciones futuras. «Vamos a manejar Venezuela hasta que haya una transición segura y adecuada. Tendremos una asociación con su industria petrolera», afirmó, sugiriendo que Estados Unidos supervisará temporalmente el país para evitar un vacío de poder. Aunque descartó inicialmente un rol protagónico para Machado, a quien describió como «una mujer muy agradable» pero sin suficiente apoyo interno, dejó abierta la puerta a evaluaciones. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, reforzó el mensaje: «Los estadounidenses se beneficiarán de esto. Maduro jugó y encontró las consecuencias».
La comunidad internacional reaccionó con una mezcla de condena y cautela. Países aliados del chavismo como Cuba, Nicaragua y Bolivia repudiaron la «invasión imperialista». Brasil, bajo Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que se cruzó «una línea inaceptable». Francia habló de violación al derecho internacional, recordando el principio de no uso de la fuerza contra la integridad territorial. Colombia, en cambio, reforzó su frontera con 30.000 soldados para prevenir desbordes. Ecuador celebró la captura, con su presidente Daniel Noboa advirtiendo a «narcochavistas» que su estructura colapsará.
Analistas coinciden en que esta acción evoca operaciones históricas como la captura de Manuel Noriega en Panamá en 1989, pero en un contexto más polarizado. Expertos legales debaten su constitucionalidad: algunos republicanos, como el senador Mike Lee, la defienden bajo la autoridad presidencial para proteger personal ejecutando órdenes de arresto; demócratas alertan de riesgos de guerra prolongada. La Corte Penal Internacional, que investiga crímenes contra la humanidad en Venezuela, no ha emitido orden contra Maduro directamente, lo que complica el panorama.
En Caracas, las calles permanecieron inusualmente silenciosas, con pequeños grupos oficialistas abrazándose en duelo y opositores conteniendo la alegría por temor a represalias residuales. Millones de venezolanos, dispersos por el mundo tras la crisis migratoria más grande del hemisferio, ven en este día un posible fin a años de hiperinflación, escasez y represión. Maduro, de 63 años, heredero de Hugo Chávez, siempre se presentó como baluarte antiimperialista.
Mientras Maduro ingresa al Centro de Detención Metropolitano en Brooklyn –un lugar notorio por condiciones duras–, el futuro de Venezuela pende de un hilo. ¿Transición democrática? ¿Administración temporal estadounidense? ¿Reacción armada de leales? Las próximas horas serán cruciales. Por ahora, el dictador que prometió gobernar hasta 2031 enfrenta la justicia en suelo extranjero, y su país, un nuevo capítulo incierto.
