El fin del régimen de Nicolás Maduro está muy cerca: presión internacional y crisis interna acorralan al chavismo

El fin del régimen de Nicolás Maduro está muy cerca: presión internacional y crisis interna acorralan al chavismo

Caracas, 27 de diciembre de 2025. Venezuela vive horas de incertidumbre extrema mientras la presión internacional, liderada por Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump, alcanza niveles inéditos. Fuentes cercanas al gobierno y analistas coinciden en que el régimen de Nicolás Maduro enfrenta su momento más crítico desde que asumió el poder en 2013. Un bloqueo naval efectivo a las exportaciones petroleras, sanciones ampliadas a familiares y aliados cercanos, y la designación del supuesto Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera han debilitado la principal fuente de ingresos del Estado, dejando al mandatario con opciones cada vez más limitadas.

El punto de inflexión llegó en noviembre con una llamada telefónica entre Trump y Maduro. Según fuentes informadas, el presidente estadounidense rechazó peticiones del venezolano para un salvoconducto seguro, amnistía amplia para funcionarios y la designación de Delcy Rodríguez como líder interina. Maduro solicitó garantías para más de cien allegados acusados de corrupción o narcotráfico, y un plazo para dejar el poder sin consecuencias inmediatas. Trump cerró la puerta, y desde entonces la Casa Blanca ha intensificado operaciones militares en el Caribe, con interceptaciones de tanqueros y amenazas explícitas de acciones terrestres.

En diciembre, el gobierno de Trump ordenó a las fuerzas armadas enfocarse en una «cuarentena» del petróleo venezolano, un término que evoca la crisis de los misiles en Cuba. Buques de la Guardia Costera han incautado cargamentos y perseguido embarcaciones, reduciendo drásticamente los ingresos por exportaciones. Maduro, que presume un crecimiento económico del 9% para 2025, ve cómo esa narrativa se desmorona: el bolívar pierde valor diariamente y la inflación proyectada supera el 200%. Sin dólares frescos, el régimen lucha por pagar importaciones básicas y salarios públicos.

La oposición, encabezada por María Corina Machado —reciente ganadora del Nobel de la Paz— y Edmundo González Urrutia, reconocido por Washington como presidente electo legítimo, ha capitalizado este momento. Machado, tras salir del escondite y viajar a Oslo para recibir el premio, declaró que «Maduro dejará el poder, negociado o no». En entrevistas, insistió en una transición pacífica, confiando en que la mayoría de las fuerzas armadas obedecerá órdenes de una autoridad civil elegida. González, en gira por América Latina y Estados Unidos, ha reunido apoyo regional y presentado actas electorales que prueban su victoria en julio de 2024.

Dentro de Venezuela, la represión se ha intensificado usando la amenaza estadounidense como pretexto. Arrestos masivos etiquetan a disidentes como traidores, y leyes nuevas castigan con dureza a quienes apoyen el «bloqueo». Sin embargo, gestos como la liberación de casi cien presos políticos en Navidad —el mayor número en un año— sugieren grietas internas. Organizaciones como Foro Penal estiman que aún quedan más de mil detenidos, pero estas excarcelaciones podrían ser intentos de aliviar presión externa.

Aliados tradicionales de Maduro se debilitan. Rusia y China expresan apoyo verbal, pero no contrarrestan el bloqueo naval. Países latinoamericanos como Honduras y San Vicente y las Granadinas han girado hacia gobiernos menos afines al chavismo. Cuba, principal socio ideológico, enfrenta sus propias crisis y no puede sostener al régimen venezolano como antes.

Analistas internacionales ven señales de colapso inminente. El Tesoro estadounidense ha sancionado a familiares directos de Cilia Flores, esposa de Maduro, y asociados clave. La designación terrorista del Cartel de los Soles, supuestamente liderado por el propio presidente, abre puertas a operaciones más agresivas. Trump ha confirmado contactos directos y dejado claro que Maduro debe irse, ofreciendo en algún momento pasaje seguro que ahora parece caduco.

En las calles, el descontento crece pese al control represivo. Migrantes venezolanos en el exterior organizan manifestaciones globales en apoyo a Machado, mientras dentro del país familias sufren escasez renovada. El éxodo, que supera los ocho millones, podría acelerarse si el régimen pierde capacidad de subsidiar alimentos y servicios.

Maduro responde con discursos desafiantes, rechazando una «paz de esclavos» y movilizando bases leales. Su círculo cercano, según reportes, toma precauciones extremas: cambios frecuentes de ubicación y mayor dependencia de guardaespaldas cubanos. Diosdado Cabello, ministro del Interior, lidera la línea dura, pero divisiones en las fuerzas armadas —donde algunos oficiales buscan salidas— alimentan especulaciones de un golpe interno.

Expertos coinciden en que el fin está cerca, aunque no garantizan una transición ordenada. Simulaciones estadounidenses pasadas advertían caos post-Maduro: luchas por poder entre facciones, insurgencias leales o vacío que beneficie a grupos armados. Machado descarta esos escenarios como infundados y promete un plan de cien días para restaurar instituciones, estabilizar la economía y atender la crisis humanitaria.

Regionalmente, líderes observan con cautela. Brasil y Colombia temen oleadas migratorias mayores, mientras el Golfo ve oportunidades en un Venezuela post-chavista. La ONU y la OEA urgen diálogo, pero Washington prioriza seguridad hemisférica, vinculando Venezuela a narcotráfico y migración irregular.

Para millones de venezolanos, agotados por años de crisis, este diciembre marca un punto de no retorno. El régimen, acorralado por sanciones efectivas y aislamiento creciente, pierde oxígeno rápidamente. Si Maduro no negocia una salida digna pronto, fuerzas externas e internas podrían precipitar su caída. El mundo contiene la respiración ante lo que muchos describen como el ocaso definitivo del chavismo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *