Caracas, 3 de enero de 2026. La detención de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores por fuerzas estadounidenses ha dejado a Venezuela en un limbo político inédito, y ahora los ojos de la administración Trump se posan directamente sobre la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, y el resto de la cúpula del régimen chavista. Fuentes en Washington indican que la fiscal general Pamela Bondi prepara acusaciones ampliadas contra varios altos funcionarios, incluyendo a Rodríguez, esta ofensiva legal busca desmantelar lo que Estados Unidos describe como una red criminal enquistada en el poder venezolano.
Delcy Rodríguez, quien asumió interinamente la presidencia según ordenó el Tribunal Supremo de Justicia leal al chavismo, apareció en la televisión estatal rodeada de ministros y militares para denunciar la «agresión imperialista» y exigir la liberación inmediata de Maduro. Sin embargo, reportes contradictorios la ubican en Rusia durante las primeras horas de la operación estadounidense, lo que ha alimentado especulaciones sobre una posible fuga o búsqueda de asilo. Cuatro fuentes diplomáticas confirmaron a Reuters que Rodríguez se encontraba en Moscú, aliado clave del régimen, aunque un mensaje de audio y una posterior transmisión en vivo desde Caracas intentaron disipar las dudas. «Nicolás Maduro sigue siendo el único presidente legítimo de Venezuela», insistió ella, mientras evitaba referirse directamente a su nuevo rol interino.
La cúpula restante del chavismo muestra signos de fractura incluyendo las fuerzas armadas, aunque fuentes militares indican que unidades leales patrullan Caracas para prevenir deserciones. Jorge Rodríguez, hermano de Delcy y presidente de la Asamblea Nacional, tampoco ha aparecido en pantalla, lo que genera rumores de negociaciones secretas o detenciones preventivas. Otros nombres en la lista de Washington incluyen a Diosdado Cabello, acusado desde hace años de liderar operaciones de narcotráfico, y a Tareck El Aissami, exvicepresidente y ministro de Petróleo, ya sancionado por corrupción y vínculos con Hezbollah.
La administración Trump no oculta su intención de ir más allá de Maduro. En una entrevista en Fox News, el presidente declaró que Estados Unidos estará «fuertemente involucrado» en la industria petrolera venezolana y que supervisará el país hasta una «transición segura». El secretario de Estado, Marco Rubio, fue más explícito: «No nos detendremos con Maduro. Quienes han sostenido este régimen criminal, desde Delcy Rodríguez hasta los generales que protegen el narcotráfico, enfrentarán las consecuencias». La recompensa por información sobre varios de estos funcionarios se ha elevado, y el Departamento de Justicia desclasificó partes de una acusación de 2020 que los vincula directamente con envíos de cocaína hacia Estados Unidos, en alianza con disidencias de las FARC colombianas.
En Venezuela, la atmósfera es de tensión contenida. Caracas amaneció con calles semivacías, patrullas militares en puntos clave y pequeños grupos de oficialistas manifestando duelo por la captura de Maduro. La oposición, liderada desde el exilio por María Corina Machado, llamó a la calma y a una transición ordenada, celebrando discretamente lo que muchos ven como el fin de una era. En comunidades venezolanas en el exterior, como Doral en Florida.
Analistas coinciden en que Rodríguez enfrenta un dilema crucial. Educada en Francia y conocida por su perfil tecnocrático, ha sido puente con inversores extranjeros y elites económicas, pero su lealtad inquebrantable al chavismo la coloca en el centro de las sanciones. Sancionada ya por Estados Unidos y la Unión Europea por violaciones a derechos humanos y corrupción, cualquier movimiento suyo será escrutado. Si intenta negociar con Washington, arriesga una revuelta interna; si resiste, podría acelerar su propia captura o aislamiento.
El caso recuerda la operación contra Manuel Noriega en Panamá, pero en un contexto global más complejo. Expertos legales debaten la validez de extender órdenes de arresto estadounidenses a funcionarios en ejercicio, aunque la designación del Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera da base a la administración Trump para justificar acciones extrajudiciales. Mientras tanto, Maduro permanece en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn y su ausencia deja un vacío que Rodríguez intenta llenar con discursos desafiantes.
El futuro inmediato depende de varios factores. ¿Mantendrá la Fuerza Armada Nacional Bolivariana su cohesión bajo presión estadounidense? ¿Aceptará Rodríguez un rol en una transición supervisada por Washington, como sugirió Trump inicialmente? ¿O buscará refugio en aliados como Rusia, llevando consigo secretos del régimen? Las próximas horas podrían definir no solo el destino de la cúpula chavista, sino el de un país agotado por años de crisis.
