¿Sigue Daniel Ortega después de Maduro? El futuro incierto de Nicaragua tras la caída del régimen venezolano
Managua, 3 de enero de 2026. La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha sacudido América Latina como un terremoto político. En la madrugada del 3 de enero, aviones y tropas de élite norteamericanas bombardearon objetivos clave en Caracas y extrajeron al presidente venezolano junto a su esposa Cilia Flores. Maduro, acusado de narcoterrorismo y corrupción, fue trasladado directamente a Nueva York donde enfrenta cargos federales. El presidente Donald Trump, en una declaración triunfal desde la Casa Blanca, anunció que Estados Unidos administrará Venezuela temporalmente hasta una transición segura. Esta intervención, la más audaz en la región desde la invasión de Panamá en 1989, ha generado reacciones inmediatas. Y en Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, copresidentes del país, han sido los primeros en condenar el acto como una agresión imperialista. Pero la pregunta que flota en el aire es inevitable: ¿será Ortega el siguiente en la lista de Washington?
La relación entre Maduro y Ortega ha sido una alianza de hierro forjada en la ideología bolivariana y el antiimperialismo. Desde que Hugo Chávez asumió el poder en Venezuela en 1999, Nicaragua se benefició de generosos subsidios petroleros a través de Petrocaribe, un programa que inyectó miles de millones de dólares en la economía nicaragüense. Ortega, quien regresó al poder en 2007 tras una década en la oposición, utilizó esos fondos para financiar programas sociales y consolidar su control. A cambio, Nicaragua ofreció apoyo diplomático incondicional a Venezuela en foros internacionales como la OEA y la ONU. Cuando Maduro heredó el mando en 2013 tras la muerte de Chávez, la hermandad se intensificó. Ambos regímenes enfrentaron sanciones estadounidenses, acusaciones de violaciones a los derechos humanos y crisis económicas agudas. En 2018, durante las protestas masivas en Nicaragua que dejaron cientos de muertos, Maduro envió asesores y equipo antimotines para ayudar a Ortega a sofocar la revuelta.
Ahora, con Maduro fuera del juego, el panorama para Ortega se complica. Horas después de la captura, el gobierno nicaragüense emitió un comunicado oficial condenando la operación estadounidense. Rosario Murillo, conocida por sus discursos esotéricos y su control férreo sobre los medios estatales, calificó el acto como un golpe al derecho internacional y un intento de saquear los recursos venezolanos, en particular el petróleo. Daniel Ortega, por su parte, apareció en una transmisión televisiva junto a su esposa, advirtiendo que esta intervención es solo el comienzo de una ofensiva mayor contra los gobiernos progresistas de la región. Nicaragua, Cuba y Bolivia ya han expresado solidaridad, pero la realidad es que sin el respaldo venezolano, Ortega pierde un pilar económico crucial. Las exportaciones de petróleo subsidiado se han reducido drásticamente en los últimos años debido a la crisis en PDVSA, pero aún representaban un salvavidas para la economía nicaragüense, afectada por sanciones y una inflación persistente.
Analistas internacionales coinciden en que Washington podría tener a Nicaragua en la mira. El Departamento de Estado ha calificado repetidamente al régimen de Ortega como una dictadura familiar que reprime a la oposición, encarcela disidentes y manipula elecciones. En 2021, Ortega ganó su cuarto mandato consecutivo en unos comicios cuestionados, sin observadores independientes y con los principales candidatos opositores en prisión. Desde entonces, más de 300 opositores han sido desterrados, incluyendo obispos católicos y periodistas. La Ley de Soberanía de 2020 permite al gobierno declarar traidores a quienes critiquen al régimen, y las detenciones arbitrarias son moneda corriente. En un informe reciente de Amnistía Internacional, se documentaron torturas y desapariciones forzadas, comparando la situación con la era somocista que Ortega mismo derrocó en 1979.
Trump, quien durante su primer mandato impuso sanciones a funcionarios nicaragüenses, ha mencionado en varias ocasiones la necesidad de limpiar la región de regímenes autoritarios. En una entrevista en 2025, refiriéndose a Maduro y Ortega, dijo que Estados Unidos no toleraría más narcoestados en su patio trasero. La captura de Maduro podría interpretarse como un mensaje directo. Fuentes en Washington, citadas por medios como The New York Times, indican que el Pentágono ha actualizado planes de contingencia para Nicaragua, aunque una intervención militar directa parece improbable por ahora debido al costo político y logístico. En cambio, se espera un endurecimiento de sanciones económicas, posiblemente extendidas a aliados de Ortega como Rusia y China, que han invertido en proyectos como el fallido canal interoceánico.
En las redes sociales y entre exiliados, se habla de un posible efecto dominó. Organizaciones opositoras en el exilio, como la Alianza Cívica, han celebrado la detención de Maduro y llamado a la comunidad internacional a presionar a Ortega. En Costa Rica y Estados Unidos, donde residen cientos de miles de nicaragüenses, se han organizado vigilias y protestas exigiendo elecciones libres. Sin embargo, en el terreno local, el control es absoluto. Las fuerzas paramilitares leales al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) patrullan las calles, y cualquier manifestación es sofocada de inmediato. La economía, dependiente de remesas y exportaciones agrícolas, sufre una contracción del 3% anual según el Banco Mundial, agravada por la pandemia y desastres naturales.
La sucesión interna añade incertidumbre. Ortega, de 80 años, ha concentrado el poder en su familia. Rosario Murillo, de 74, no solo es copresidenta desde la reforma constitucional de 2024, sino que maneja el día a día del gobierno. Sus hijos, Laureano y Rafael, controlan sectores clave como la promoción de inversiones y la policía. Analistas como Roberto Samcam, un exmilitar sandinista ahora en la oposición, predicen una transición dinástica si Ortega fallece o es forzado a salir. En 2025, rumores de problemas de salud de Ortega circularon, aunque fueron desmentidos oficialmente. Murillo ha purgado a posibles rivales dentro del FSLN, incluyendo a veteranos como Bayardo Arce, quien está bajo arresto domiciliario. Si Ortega cae, ¿asumiría Murillo el mando total? O ¿habría una implosión del partido?
La comunidad internacional observa con atención. La Unión Europea y Canadá han impuesto sanciones a funcionarios nicaragüenses, pero sin el peso de Estados Unidos, su impacto es limitado. Cuba, otro aliado histórico, enfrenta sus propias crisis y no puede ofrecer mucho apoyo. Rusia ha proporcionado armamento y entrenamiento, pero con la guerra en Ucrania extendiéndose, su capacidad se ve mermada. China, principal inversionista en infraestructura, prefiere estabilidad para proteger sus intereses. En este contexto, una intervención como la de Venezuela parece remota, pero no imposible si se escalan las violaciones a los derechos humanos o si Nicaragua se convierte en un puente para el narcotráfico, como acusan informes de la DEA.
El año 2026 arranca con Nicaragua en una encrucijada. La captura de Maduro no solo priva a Ortega de un aliado clave, sino que expone las vulnerabilidades de su régimen. ¿Seguirá el mismo camino? Por ahora, el veterano líder se atrinchera.
