El escándalo de la kiss cam en Coldplay: un momento incómodo que arrasó en redes y cambió vidas

Lo que empezó como una tradición divertida en un concierto de Coldplay se convirtió en uno de los escándalos virales más comentados de 2025. El 16 de julio, durante un show en el Gillette Stadium de Boston, la kiss cam enfocó a una pareja que se abrazaba en un balcón VIP. Al verse en la pantalla gigante, se separaron de golpe y intentaron esconderse, provocando la reacción espontánea de Chris Martin: «Uh oh, ¿qué pasa? O están teniendo una aventura o son muy tímidos». El vídeo, grabado por un asistente y subido a TikTok, superó los 150 millones de vistas en días y desató una tormenta digital.

Pronto se identificó a la pareja: Andy Byron, CEO de la empresa tecnológica Astronomer, y Kristin Cabot, jefa de recursos humanos de la misma compañía. Ambos estaban casados con otras personas en ese momento, aunque Cabot ha aclarado después que ya estaba separada. El comentario de Martin, inocente en apariencia, encendió especulaciones sobre una posible infidelidad laboral. El vídeo se compartió masivamente, con memes que recreaban la escena en estadios deportivos, programas de televisión y redes sociales. Hasta el mascota de los Philadelphia Phillies parodió el momento en un partido.

Las consecuencias fueron inmediatas y devastadoras. Byron fue puesto en licencia y renunció poco después. Cabot también dejó la empresa. Astronomer intentó manejar la crisis con humor, contratando a Gwyneth Paltrow —exesposa de Chris Martin— como «portavoz temporal» en un anuncio que bromeaba con el incidente. Cabot criticó esta decisión, llamándola hipócrita y afirmando que agravó su situación. La compañía realizó una investigación interna, pero el daño reputacional ya estaba hecho.

Cinco meses después, en diciembre, Kristin Cabot rompió su silencio en entrevistas con The New York Times y otros medios. Contó que había empezado en Astronomer en noviembre de 2024 y que, al compartir con Byron sus problemas matrimoniales, surgió una conexión. Admitió tener un «crush feliz» con su jefe, pero insistió en que nunca habían besado antes de esa noche y que no mantenían una relación sexual. «Tomé una mala decisión tras un par de High Noons», explicó, refiriéndose a las bebidas alcohólicas que consumió. Al ver la pantalla, el pánico fue total: «Me horroricé. Soy la jefa de RRHH y él el CEO, es un cliché terrible».

Cabot describió el acoso posterior: amenazas de muerte —alrededor de 50 o 60, no las 900 que circularon—, paparazzi frente a su casa y comentarios crueles sobre su apariencia. Sus hijos, que oyeron una amenaza por altavoz, temieron por sus vidas y necesitaron terapia. Perdió amigos y colegas, y ha luchado por encontrar empleo nuevo, con reclutadores diciéndole que es «inempleable» por el escándalo. «Como mujer, siempre nos llevamos la peor parte», lamentó. También expresó decepción porque ni Martin ni Coldplay se disculparon públicamente.

Byron, por su parte, ha mantenido perfil bajo. Vendió un apartamento en Manhattan por 5,8 millones de dólares en noviembre, y hay reportes de que sigue con su esposa, aunque ella borró referencias públicas al matrimonio tras el incidente. No ha hablado directamente, pero fuentes cercanas niegan una aventura prolongada.

El caso levantó debates sobre privacidad en espacios públicos. Expertos señalan que las cámaras están en todas partes y que momentos como este exponen la rapidez con que internet doxxea y juzga. Coldplay ajustó su rutina: en conciertos posteriores, Martin advirtió al público sobre las cámaras para evitar sorpresas. Programas como Saturday Night Live y The Late Show parodiaron el momento, y hasta equipos deportivos recrearon la escena.

Analistas culturales lo comparan con escándalos virales pasados, pero destacan su longevidad: meses después, sigue generando contenido. Para Cabot, el «Coldplaygate» —como lo bautizaron— es una cicatriz diaria. «Puedes cometer errores graves, pero no mereces amenazas de muerte por ellos», dijo. Mientras, el vídeo sigue circulando, recordatorio de cómo un segundo de diversión puede alterar vidas para siempre.

Este incidente no solo entretuvo, sino que cuestionó límites éticos en la era digital. En un año de virales efímeros, este perduró por su mezcla de comedia, drama y moraleja. Queda por ver si Cabot y Byron reconstruyen sus carreras, pero el escándalo ya forma parte del folklore de 2025.

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