El presidente Donald Trump ha emitido un ultimátum a Iran, advirtiendo que Teherán tiene entre 10 y 15 días para alcanzar un acuerdo nuclear significativo, o enfrentará consecuencias graves. Esta declaración, hecha durante la reunión inaugural de su recién creado Consejo de Paz, ha intensificado las tensiones entre Estados Unidos e Iran, colocando a ambos países al borde de un posible conflicto militar. Mientras las negociaciones en Ginebra se estancan, el despliegue masivo de fuerzas estadounidenses en Oriente Medio sugiere que Washington se prepara para una acción decisiva, posiblemente ataques aéreos o una campaña más prolongada.
El contexto de esta crisis se remonta a junio de 2025, cuando Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares iraníes durante un breve conflicto entre Israel e Iran. Aquella acción, respaldada por Trump, mató a más de mil iraníes y destruyó partes clave del programa nuclear de Teherán, pero no logró un acuerdo duradero. Ahora, con protestas internas en Iran que han dejado miles de muertos según estimaciones de Trump, y un régimen debilitado por sanciones, Washington ve una oportunidad para forzar concesiones. Trump ha insistido en «cero enriquecimiento» de uranio en suelo iraní, una demanda que Iran rechaza categóricamente, argumentando que viola su soberanía.
En las últimas semanas, Estados Unidos ha acumulado la mayor presencia militar en la región desde la invasión de Irak en 2003. El grupo de portaaviones USS Abraham Lincoln ya está posicionado en el Golfo Pérsico, y el USS Gerald R. Ford llegará en los próximas horas, trayendo cientos de misiles Tomahawk y aviones de combate F-35. Esta fuerza, que incluye sistemas de defensa aérea y buques de guerra, permite opciones que van desde ataques limitados a una campaña de semanas para desestabilizar el régimen. Fuentes del Pentágono indican que el objetivo podría incluir no solo sitios nucleares, sino también líderes individuales, con miras a un cambio de régimen. Analistas como Bradley Bowman, del Centro para el Poder Militar y Político de la Fundación para la Defensa de las Democracias, describen esta acumulación como un «sombra de poder» sobre la mesa de negociaciones, diseñada para presionar a Iran hacia un acuerdo.
Del lado iraní, la respuesta ha sido de preparación defensiva y retórica constante. El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, anunció que Iran presentará una propuesta nuclear en los próximos días, pero enfatizó que no aceptará demandas de cero enriquecimiento. Militares iraníes han inspeccionado bases de defensa aérea y naval en provincias como Azerbaiyán Oriental y Sistán y Baluchistán, asegurando su «preparación de combate». El líder supremo, Alí Jamenei, advirtió que cualquier agresión estadounidense desencadenaría una «guerra regional», aprendiendo de la lección de junio de 2025. Iran ha realizado ejercicios con misiles en el Estrecho de Ormuz, y ha advertido sobre posibles cierres del vital paso marítimo.
Las protestas internas en Iran complican el panorama. El 19 de febrero, se registraron 19 manifestaciones en ocho provincias, muchas con miles de participantes, marcando el final del período de duelo por víctimas de represiones anteriores. Trump afirmó que el régimen ha matado a 32.000 personas en estas olas de protestas, y que su amenaza de ataques detuvo las ejecuciones planeadas. Sin embargo, informes indican que al menos 26 manifestantes, incluyendo un menor, enfrentan la pena de muerte. Esta inestabilidad podría ser explotada por Washington, pero también fortalece la resolución del régimen de resistir, temiendo que las concesiones parezcan debilidad.
Reacciones internacionales reflejan preocupación. Rusia, aliada de Iran, advirtió contra la escalada, mientras China ofrece compartir datos sobre avistamientos, aunque el foco es nuclear. En el Congreso estadounidense, demócratas como Ro Khanna y republicanos como Thomas Massie planean votar para limitar la autoridad de Trump a los ataques sin aprobación del congreso. Expertos como el general retirado John Teichert señalan que el despliegue presiona por un acuerdo, pero si falla, podría llevar a una campaña aérea sostenida. En Iran, un fatalismo se extiende: muchos temen la guerra, pero algunos la ven como catalizador para el cambio.
Económicamente, los mercados reaccionan con volatilidad. Precios del petróleo suben ante temores de disrupciones en Ormuz, y acciones de compañías aeroespaciales como Boeing ganan terreno. Plataformas de apuestas como Polymarket elevan las probabilidades de un ataque antes de marzo. En redes sociales, hashtags como #IranUSWar acumulan millones de menciones, con usuarios desde Texas organizando discusiones sobre implicaciones globales.
Esta crisis no es solo bilateral; amenaza con involucrar a Israel, grupos financiados por Iran como Hezbolá, y potencias como Rusia y China en una alianza compleja. Trump, conocido por su estilo impredecible, podría optar por ataques limitados para presionar, pero analistas advierten de un conflicto regional si escala. Con el Ford llegando, y negociaciones pendientes, febrero de 2026 podría marcar el punto de no retorno. La pregunta es si la diplomacia prevalece, o si el ultimátum lleva a la confrontación. La humanidad observa, recordando que guerras pasadas comenzaron con plazos similares.
