Colombia desata tormenta diplomática en Medio Oriente tras reconocer soberanía israelí sobre los Altos del Golán
Bogotá / El Cairo, 14 de agosto de 2026 — El gobierno del presidente colombiano Abelardo De la Espriella ha desatado una de las crisis diplomáticas más graves de la región en décadas tras anunciar el reconocimiento formal de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán, una zona estratégica que Israel ocupó durante la Guerra de los Seis Días en 1967 y anexó unilateralmente en 1981, en una medida que nunca fue reconocida por la comunidad internacional. La decisión ha provocado una cascada de represalias diplomáticas de países árabes y ha generado profundas divisiones dentro de América Latina, poniendo en jaque décadas de tradición diplomática independiente del país andino.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, recibió con entusiasmo la postura del gobierno colombiano, calificándola de «paso histórico hacia la justicia y el reconocimiento de la realidad en Medio Oriente». En una rueda de prensa celebrada en la Knesset, Netanyahu agradeció personalmente a De la Espriella por su «valentía moral» y aseguró que esta decisión fortalecería los lazos bilaterales entre ambas naciones en materia de seguridad, tecnología y comercio. «Colombia se une a un selecto grupo de naciones que entienden que la paz solo se construye sobre la verdad», declaró el líder israelí, en referencia a la decisión unilateral del expresidente estadounidense Donald Trump en 2019, que rompió con décadas de política exterior estadounidense al reconocer la soberanía israelí sobre el territorio sirio. El reconocimiento colombiano convierte a la nación sudamericana en el segundo país del mundo en adoptar esta postura, después de Estados Unidos.
Sin embargo, la reacción del mundo árabe fue inmediata y contundente. Egipto, tradicionalmente uno de los actores más moderados de la región, calificó la decisión colombiana como «una violación flagrante del derecho internacional y de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas». El Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio emitió un comunicado en el que exigía a Colombia «reconsiderar inmediatamente una postura que socava los fundamentos de la paz regional y legitima la ocupación militar». Arabia Saudí, por su parte, convocó a su embajador en Bogotá para consultas urgentes y anunció la suspensión temporal de las negociaciones comerciales que ambos países mantenían desde 2024 para un acuerdo de libre comercio parcial que hubiera beneficiado a los exportadores colombianos de textiles y alimentos procesados.
La Liga Árabe, con sede en El Cairo, convocó una sesión extraordinaria de sus ministros de Relaciones Exteriores para el próximo 18 de agosto, en la que se espera que se discuta una respuesta coordinada contra Colombia. Diplomáticos árabes consultados bajo condición de anonimato aseguraron que varios países del Golfo Pérsico están considerando medidas económicas, incluyendo la suspensión de importaciones de café y flores colombianas, productos emblemáticos de la economía del país sudamericano que representan cerca de 1.200 millones de dólares anuales en exportaciones. «Esta no es una decisión que pueda quedar impune. Colombia ha cruzado una línea roja que durante décadas nadie en América Latina se había atrevido a traspasar», afirmó un alto funcionario de la Cancillería jordana, quien pidió no ser identificado por la sensibilidad del tema.
Siria, cuyo gobierno aún no ha logrado consolidar el control total del territorio tras años de guerra civil, condenó la decisión a través de su ministerio de Exteriores en Damasco, calificándola de «acto de agresión encubierto contra la soberanía siria, y ha anunciado que presentará una queja formal ante la Corte Internacional de Justicia.
En el plano interno, la decisión de De la Espriella ha generado una polarización sin precedentes. El partido de oposición Colombia Humana, liderado por el expresidente Gustavo Petro, calificó el anuncio como «una traición a los principios de política exterior independiente que han caracterizado a Colombia durante más de un siglo». Petro acusó al gobierno de «arrodillarse ante los intereses de Netanyahu a cambio de acuerdos militares opacos que comprometen la soberanía nacional».
La comunidad internacional ha reaccionado con cautela. La Unión Europea, a través de su Alto Representante para Asuntos Exteriores, emitió un comunicado en el que recordó que «la posición de la UE respecto a los Altos del Golán no ha cambiado» y que considera el territorio como «ocupado» según el derecho internacional. El portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Matthew Miller, evitó posicionarse directamente, limitándose a señalar que «cada nación tiene derecho a establecer sus propias relaciones diplomáticas, siempre que respete el marco del derecho internacional». Rusia, por su parte, condenó la decisión colombiana a través de su portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajárova, calificándola de «provocación que alimenta la inestabilidad regional».
De la Espriella, quien asumió la presidencia en agosto de este año tras una estrecha victoria electoral, ha defendido su decisión argumentando que «Colombia debe buscar alianzas estratégicas y proteger intereses nacionales». El mandatario aseguró que el reconocimiento no implica una ruptura con el mundo árabe, sino «una actualización de nuestra política exterior basada en la realidad geopolítica actual y en los intereses nacionales de Colombia».
