La Cumbre Climática COP30 en Belém termina en fracaso: divisiones geopolíticas impiden avances decisivos

Belém, 23 de noviembre de 2025. La COP30 —celebrada en Belém, Brasil, del 10 al 22 de noviembre— es calificada por analistas y expertos como un fracaso rotundo. Lo que se promocionaba como la «cumbre de la implementación» y el momento clave para acelerar el Acuerdo de París, concluyó con un acuerdo de mínimos, marcado por fracturas geopolíticas, falta de liderazgo y la incapacidad de abordar la eliminación de los combustibles fósiles y el financiamiento climático.

El presidente de la COP30, el diplomático brasileño André Corrêa do Lago, cerró una sesión plenaria extendida aprobando el «Paquete Político de Belém». El documento reconoce la urgencia de limitar el calentamiento global y lanza iniciativas voluntarias como la Misión Belém y un Acelerador Global de Implementación. Además, promete triplicar los fondos para la adaptación. Sin embargo, el consenso entre los delegados es que estos compromisos no son vinculantes y carecen de la ambición necesaria para cerrar la brecha de emisiones.

Luces en la Amazonía, sombras en la negociación

Brasil, como anfitrión, buscó capitalizar su liderazgo ambiental. Presentó el Tropical Forests Forever Facility, un mecanismo financiero para la conservación de selvas, y promovió el concepto indígena de «mutirão» (trabajo colectivo). La cumbre logró una participación récord de pueblos indígenas y aprobó el Plan de Acción de Salud de Belém.

Más de 80 países, liderados por la Unión Europea y naciones vulnerables, exigieron una hoja de ruta para la eliminación gradual (phase-out) de los combustibles fósiles, basándose en lo acordado en la COP28 de Dubái, No obstante, un bloque unificado de «petroestados» y países del grupo BRICS bloqueó cualquier lenguaje vinculante. Al final, no hubo mención explícita a la salida de los fósiles ni a la reforma de los subsidios, que superan el billón de dólares anuales a nivel global.

En materia financiera, las expectativas de escalar a $1.3 billones de dólares anuales para 2035 se diluyeron, aunque se acordó triplicar los fondos de adaptación, no se fijaron metas específicas ni bases de referencia (baselines) claras. Los países en desarrollo denunciaron que el acuerdo ignora su demanda de recibir subvenciones (grants) en lugar de préstamos que sigan asfixiando sus economías con deuda.

El factor geopolítico: El vacío de EE. UU.

La sombra del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 marcó el ritmo de la cumbre. La delegación estadounidense mantuvo un perfil bajo, priorizando intereses nacionales y cuestionando el multilateralismo. Simon Stiell, secretario ejecutivo de la CMNUCC (UNFCCC), admitió con dureza: «El negacionismo y la geopolítica han golpeado la cooperación internacional».

Organizaciones como Greenpeace y WWF calificaron la cita como una «oportunidad perdida». Incluso un incendio en el recinto obligó a suspender las negociaciones un día, un evento que los activistas interpretaron como una metáfora del caos climático actual.

Los datos son alarmantes: las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC)

Mientras la COP31 se perfila en Turquía, Belém queda como un recordatorio del desgaste del sistema de consenso de la ONU. Para muchos, la acción real se está desplazando hacia los tribunales, los movimientos sociales y las transiciones locales. Como sentenció un delegado indígena al cierre: «La Amazonia nos acogió, pero los líderes no escucharon su llamado».

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