Ciudad de México, 23 de febrero de 2026. En un operativo que ha sacudido los cimientos del crimen organizado en México, las fuerzas armadas abatieron a Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como «El Mencho», el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Este suceso, ocurrido el domingo 22 de febrero en una zona remota de Jalisco, no solo representa uno de los mayores golpes al narcotráfico en la última década, sino que también ha desencadenado una ola de violencia que se extendió por varios estados del país, dejando un saldo preliminar de al menos 73 muertos y un panorama de incertidumbre sobre el futuro de uno de los cárteles más poderosos del mundo.
Oseguera Cervantes, un hombre de 59 años originario de Michoacán, había evadido a las autoridades durante años. Su ascenso en el mundo del crimen comenzó en la década de los 90, cuando se unió a grupos como el Cártel del Milenio, para luego fundar el CJNG en 2010 junto a otros disidentes. Bajo su mando, el cártel se expandió rápidamente, controlando rutas clave para el tráfico de fentanilo, metanfetaminas y cocaína hacia Estados Unidos. Las autoridades lo describían como un líder astuto y violento, responsable de ataques directos contra fuerzas de seguridad y de extender su influencia a través de corrupción y terror. La recompensa por su captura era de 10 millones de dólares por parte de la DEA, lo que lo convertía en uno de los fugitivos más buscados a nivel internacional.
El operativo que terminó con su vida fue el resultado de meses de inteligencia militar. Según detalles revelados por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), el proceso inició con la localización de un hombre de confianza de una de las parejas sentimentales de «El Mencho» el 20 de febrero. Esto llevó a un seguimiento exhaustivo que culminó en la identificación de su escondite en Tapalpa, Jalisco, una zona montañosa y de difícil acceso. El domingo por la mañana, un contingente de soldados, marinos y elementos de la Guardia Nacional rodeó el sitio y fuerzas especiales. Lo que se planeaba como una captura se transformó en un intenso tiroteo cuando los guardaespaldas del capo respondieron con fuego pesado.
En el enfrentamiento inicial murieron ocho integrantes del cártel y dos militares resultaron heridos. «El Mencho» fue herido de gravedad durante el intercambio de balas y falleció poco después, según confirmó el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. Su cuerpo fue trasladado a Ciudad de México bajo estrictas medidas de seguridad, resguardado por efectivos federales para evitar cualquier intento de rescate o robo. Imágenes difundidas por medios muestran vehículos calcinados y escenas de destrucción en el lugar del operativo, que recordó a operaciones pasadas contra figuras como Joaquín «El Chapo» Guzmán.
Pero la muerte de Oseguera Cervantes no trajo paz inmediata. Al contrario, desató una reacción furiosa por parte de sus seguidores. Horas después del anuncio oficial, el CJNG activó un «código rojo» en Jalisco y extendió sus represalias a al menos 20 estados, incluyendo Michoacán, Guanajuato, Colima y hasta Tabasco. Los narcobloqueos se multiplicaron: más de 250 vehículos fueron incendiados en carreteras clave, bloqueando accesos a ciudades como Puerto Vallarta, Guadalajara y Morelia. En Puerto Vallarta, una de las joyas turísticas de México, el caos fue particular e intenso. Turistas y residentes se resguardaron en hoteles y hogares mientras grupos armados quemaban comercios, autobuses y hasta un supermercado. «Parecía una zona de guerra», describió un testigo anónimo a la BBC, refiriéndose a las columnas de humo negro que cubrían el cielo y los sonidos de detonaciones esporádicas.
El saldo humano es devastador. El gobierno federal reportó inicialmente 62 muertes, pero cifras actualizadas elevan la cuenta a 73, incluyendo 25 elementos de la Guardia Nacional, un custodio de prisiones, un funcionario de la fiscalía de Jalisco y una mujer civil. Además, 30 presuntos narcotraficantes perdieron la vida en los enfrentamientos subsiguientes. La Fiscalía General de la República abrió 57 carpetas de investigación por estos hechos, que incluyeron 27 ataques directos contra autoridades. En un caso alarmante, 23 reos escaparon del penal de Ixtapa, cerca de Puerto Vallarta, aprovechando el desorden.
La presidenta Claudia Sheinbaum, en una conferencia matutina el lunes, aseguró que el país había retomado la normalidad en gran medida. «Hemos levantado los narcobloqueos y reforzado la presencia de fuerzas federales en las zonas afectadas», declaró. El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, anunció que las actividades económicas se reanudarían en su totalidad el martes, con clases presenciales regresando el miércoles, aunque mantuvo cautela en Puerto Vallarta. «Si la situación continúa estable, levantaremos el código rojo mañana», dijo en un mensaje en redes sociales. A pesar de estos esfuerzos, la tensión persiste. En el Estado de México, la gobernadora Delfina Gómez Álvarez instaló una Mesa de Paz permanente, incrementando patrullajes en fronteras con Michoacán y Guerrero.
Internacionalmente, la noticia generó reacciones mixtas. La Casa Blanca elogió el operativo, destacando el compromiso de México en la lucha contra el narcotráfico. «Este es un paso crucial para reducir el flujo de fentanilo que azota a nuestras comunidades», comentó un portavoz. Sin embargo, el presidente estadounidense Donald Trump, siempre crítico con México, exigió acciones más intensas. «México debe intensificar sus esfuerzos contra los cárteles y las drogas», escribió en su plataforma Truth Social. Analistas como los de The New York Times advierten que la muerte de «El Mencho» podría fragmentar al CJNG, pero no necesariamente debilitarlo a largo plazo.
El futuro del cártel es incierto. Sin un sucesor claro, nombres como Ricardo Ruiz Velasco, alias «El Doble R», o familiares de Oseguera Cervantes se barajan como posibles líderes. El CJNG, conocido por su brutalidad –recordemos casos como el asesinato del influencer «El Pirata de Culiacán» en 2017, presuntamente por insultar a «El Mencho» en un video viral–, podría entrar en una fase de disputas internas. Expertos en seguridad, como Alejandro Hope, señalan que esto podría generar más violencia mientras se reacomoda el poder. «La decapitación de líderes ha funcionado en el pasado, pero a menudo lleva a guerras intestinas que afectan a civiles inocentes», explicó en una entrevista con El País.
Esta ola de violencia resalta la fragilidad del control territorial en México. A pesar de los avances en inteligencia, el narcotráfico sigue enquistado en regiones enteras, corrompiendo instituciones y aterrorizando comunidades. En Puerto Vallarta, por ejemplo, residentes como María, una vendedora local, narran cómo pasaron la noche en vela, escuchando sirenas y explosiones lejanas. «Vivimos con miedo constante, pero esto fue peor que nunca», contó a reporteros. El operativo contra «El Mencho» es un triunfo simbólico para el gobierno de Sheinbaum, pero también un recordatorio de que la lucha contra los cárteles es un camino largo y sangriento.
Mientras el país intenta volver a la normalidad, con soldados desplegados en calles y aeropuertos operando con restricciones mínimas, la pregunta persiste: ¿será esta la muerte de un reinado criminal o el inicio de un nuevo ciclo de caos? Los próximos días serán clave para medir el impacto real. En Jalisco, el corazón del imperio de «El Mencho», la calma es tensa, y muchos se preguntan si el vacío dejado por su ausencia se llenará con más sangre o con una oportunidad para la paz. México, una vez más, se encuentra en la encrucijada entre la esperanza y el terror.
