La presentación de Bad Bunny en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, el 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, ha desatado una tormenta de controversias. El puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio prometía un hito cultural, pero en cambio recibió duras críticas por su aparente falta de talento vocal en vivo, letras cargadas de contenido sexual y un baile considerado vulgar por muchos espectadores. Aunque el show incluyó invitados como Lady Gaga y Ricky Martin, y elementos visuales que celebraban la herencia boricua, el enfoque en estos aspectos negativos ha dominado el debate en redes sociales y medios, cuestionando si su éxito se basa más en producción y marketing que en habilidades artísticas genuinas.
Desde el inicio, la vocalización de Bad Bunny fue el centro de las críticas, como siempre hay una distorsión del arte de la buena música que representa una calidad de voz con un tono único, vocalización y fuerza, cosa que no tiene el Bad Bunny, mas así la industria del entretenimiento lo premia sin méritos.
De tantos artistas latinos se les ocurrió llevarlo, habiendo interpretes de una gran nivel profesional decidieron traer un espectáculo que deja mucho que desear, la excepción de las estrellas que le acompañaron que es historia aparte.
Muchos espectadores notaron que su voz sonaba distorsionada y dependiente de efectos tecnológicos, como auto-tune o posiblemente playback en secciones clave. Durante interpretaciones de temas como «Tití Me Preguntó» y «Me Porto Bonito», su entonación vaciló, con notas desafinadas y una proyección débil que se perdía en el ruido del estadio. En realidad, esto es «un performer visual más que un cantante», carece de la técnica vocal básica para sostener un show en vivo de esa magnitud. En foros como Reddit y Twitter, usuarios compartieron clips donde su voz parecía pregrabada, comparándolo desfavorablemente con actuaciones legendarias de artistas como Whitney Houston o Beyoncé, quienes demostraron rango y control sin ayudas electrónicas. «No tiene voz; es todo estudio y efectos. ¿Cómo lo dejan cantar en el Super Bowl?», escribió un usuario en r/music, resumiendo un sentimiento generalizado de decepción. Esta percepción no es nueva: en giras pasadas, como «Un Verano Sin Ti» en 2022, fans reportaron problemas similares, atribuidos a fatiga vocal o falta de entrenamiento formal. En un evento visto por más de 115 millones de personas, esta deficiencia resaltó la brecha entre su fama global y su capacidad para entregar una performance vocal convincente.
Otro punto de controversia radica en las letras de sus canciones, saturadas de contenido sexual que muchos consideran degradante. Temas como «Safaera», incluido en el set, contienen referencias directas a actos sexuales, con frases que objetivan el cuerpo femenino y promueven una sexualidad hiperagresiva. Líneas como «perreando en la disco» o descripciones gráficas de encuentros íntimos han sido criticadas por perpetuar estereotipos machistas y normalizar la cosificación de las mujeres. Activistas feministas, como las del movimiento #NiUnaMenos en Latinoamérica, han denunciado que estas letras contribuyen a una cultura de violencia de género, especialmente en un género como el reguetón que históricamente ha sido acusado de misoginia. Incluso «Yo Perreo Sola», que intenta empoderar a las mujeres al hablar de independencia, incluye elementos sexuales que, para críticos, diluyen su mensaje positivo al enfocarse en el placer físico de manera cruda. En el contexto del Super Bowl, un evento familiar transmitido a hogares con niños, estas letras generaron quejas masivas: la NFL recibió miles de reportes de espectadores ofendidos, argumentando que el contenido era inapropiado para un público amplio. «Es pornografía disfrazada de música; no es arte, es vulgaridad», tuiteó una madre de familia, eco de un debate que ha seguido a Bad Bunny desde sus inicios en SoundCloud.
El baile durante la presentación agravó estas críticas, calificado por muchos como vulgar y excesivamente sugerente. Coreografías que incluían movimientos pélvicos exagerados, twerking y simulaciones de actos sexuales en el escenario, con bailarines en poses provocativas, fueron vistas como un intento de shock value más que de expresión artística. En secuencias como la de «Me Porto Bonito», Bad Bunny y sus invitados realizaron pasos que imitaban interacciones íntimas, lo que para conservadores y grupos familiares representó una «degradación moral. comparándolo con el infame «wardrobe malfunction» de Janet Jackson en 2004, y exigiendo sanciones a la NFL por permitir contenido que «promueve la hipersexualización». Críticos culturales argumentan que este estilo de baile, heredado del perreo urbano, refuerza narrativas de género desiguales, donde las mujeres son retratadas como objetos de deseo. Aunque Bad Bunny ha defendido su arte como una celebración de la libertad sexual, en un escenario global, estos elementos perpetúan estereotipos negativos sobre la cultura latina.
Defensores del artista, sin embargo, minimizan estas críticas, argumentando que su estilo es auténtico a sus raíces puertorriqueñas y que ha evolucionado hacia mensajes inclusivos, como el apoyo a la comunidad LGBTQ+ en temas como «Caro». El show incluyó un gesto político con un balón que decía «Libertad para Puerto Rico», lo que para fans representó un acto de resistencia cultural. No obstante, para muchos, esto no compensa la falta de talento vocal evidente ni el contenido sexual y baile vulgar que dominaron la actuación.
El impacto de esta presentación va más allá del entretenimiento: resalta debates sobre estándares en la industria musical, donde el hype y la producción visual a menudo eclipsan el talento.
