Estocolmo, Suecia – En los laboratorios del Instituto Real de Tecnología KTH de Estocolmo, un equipo de investigadores suecos ha presentado lo que muchos llaman el avance más revolucionario en pantallas desde la llegada de los OLED: una tecnología de «retina e-paper» capaz de alcanzar una densidad récord de 25.000 píxeles por pulgada (ppi). Esta innovación, bautizada como retina e-paper, utiliza nanopartículas para crear píxeles tan diminutos —de apenas 560 nanómetros— que superan el límite de resolución del ojo humano, haciendo que la pantalla sea prácticamente indistinguible de la realidad misma.
El proyecto, liderado por el profesor Magnus Berggren y su equipo del departamento de química orgánica electrónica del KTH, ha sido publicado recientemente en la revista Nature Materials y ya genera expectativas enormes en industrias como la electrónica de consumo, la medicina y la realidad aumentada. «Hemos logrado que los píxeles sean más pequeños que la longitud de onda de la luz visible», explica Berggren en una entrevista exclusiva. Eso significa que la pantalla no emite luz propia como un LED o un OLED, sino que refleja y modula la luz ambiental de manera tan precisa que el cerebro la interpreta como una escena natural.
El secreto radica en el uso de nanopartículas de óxido de tungsteno (WO₃), un material electrocrómico que cambia de color al aplicar una pequeña tensión eléctrica. Estas partículas se organizan en una capa ultrafina sobre un sustrato flexible, permitiendo controlar la dispersión de la luz con una precisión sin precedentes. A diferencia de las pantallas tradicionales que emiten luz (y por eso consumen mucha batería), la retina e-paper funciona como el papel electrónico convencional: solo gasta energía al cambiar de imagen, y luego mantiene la imagen indefinidamente sin consumo adicional. Esto lo hace ideal para dispositivos portátiles de bajo consumo, como relojes inteligentes, lentes de contacto AR o incluso implantes médicos.
Los investigadores suecos lograron esta hazaña al reducir el tamaño del píxel por debajo de los 600 nm, rompiendo la barrera que hasta ahora limitaba las pantallas de «alta definición retinal». En pruebas de laboratorio, la pantalla reproduce colores vivos y tonos naturales con una fidelidad que hace que fotografías impresas parezcan planas en comparación. «Es como si pusieras la imagen directamente en tu campo visual», comenta uno de los coautores, el doctor Isak Engquist. «El ojo no distingue píxeles individuales ni siquiera a distancias muy cortas».
Las aplicaciones potenciales son vastas. En el campo de la realidad aumentada, podría integrarse en lentes de contacto o gafas ultraligeras sin necesidad de proyectores voluminosos. En medicina, se explora su uso en prótesis retinianas para pacientes con degeneración macular o retinitis pigmentosa, aunque por ahora el enfoque es en displays externos. Empresas como Ericsson y Volvo ya han mostrado interés en colaboraciones para pantallas de vehículos y wearables que no fatiguen la vista.
Sin embargo, el camino hacia la comercialización no será inmediato. Los desafíos incluyen la escalabilidad de la fabricación —producir capas de nanopartículas uniformes a gran escala— y la durabilidad del material en entornos reales. Además, aunque el consumo energético es mínimo, se necesita perfeccionar la velocidad de refresco para aplicaciones dinámicas como vídeo. El equipo estima que los primeros prototipos funcionales en dispositivos de consumo podrían llegar al mercado entre 2028 y 2030, con apoyo de fondos europeos y suecos para innovación verde.
Este avance llega en un momento en que Suecia se consolida como potencia en materiales avanzados y electrónica impresa. El KTH, junto con instituciones como Linköping University, ha sido pionero en polímeros conductores y displays flexibles. No es solo una pantalla más nítida», reflexiona Berggren, es una nueva forma de pensar en cómo interactuamos con la información visual. Imagina leer un libro en una hoja que parece real, o ver datos superpuestos en el mundo sin notar que hay una pantalla de por medio».
Mientras tanto, la comunidad científica internacional observa con atención. Competidores en Asia y Estados Unidos trabajan en microLED y proyecciones retinianas, pero la aproximación pasiva y de bajo consumo del retina e-paper sueco podría marcar la diferencia en un mundo que busca tecnologías más sostenibles y amigables con el ojo.
En un futuro no muy lejano, la idea de llevar una pantalla en la retina podría dejar de ser ciencia ficción para convertirse en algo tan cotidiano como llevar gafas. Por ahora, en los laboratorios de Estocolmo, ya es una realidad palpable.
