Un tribunal de Hong Kong condena a Jimmy Lai a 20 años de prisión en un golpe a la libertad de prensa

En una decisión que ha sacudido los cimientos de la libertad de expresión en Hong Kong, un tribunal respaldado por Pekín sentenció ayer al magnate de los medios y activista pro-democracia Jimmy Lai a 20 años de cárcel. Lai, de 78 años, fue condenado por cargos de colusión con fuerzas extranjeras y publicación de materiales sediciosos bajo la controvertida ley de seguridad nacional impuesta por China en 2020. Esta sentencia, la más severa hasta la fecha bajo esa legislación, ha sido calificada por su familia y defensores de los derechos humanos como una «condena a muerte» efectiva, dada la edad avanzada del empresario.

Jimmy Lai, nacido en la China continental en 1948 y emigrado a Hong Kong a los 12 años, representa para muchos el espíritu emprendedor y la resistencia contra el autoritarismo. Huérfano de joven, Lai comenzó trabajando en fábricas textiles y escaló hasta fundar Giordano, una cadena de ropa que lo convirtió en millonario. Pero su verdadera huella la dejó en el periodismo: en 1995 lanzó Apple Daily, un tabloide que se convirtió en el principal medio crítico del Partido Comunista Chino (CPC). El periódico no solo informaba sobre escándalos políticos, sino que apoyaba abiertamente las protestas pro-democracia, lo que lo puso en la mira de las autoridades chinas.

La condena de Lai llega tras un juicio que duró casi cinco años, marcado por detenciones preventivas y acusaciones que sus defensores tildan de fabricadas. En diciembre de 2025, un panel de jueces designados por el gobierno de Hong Kong lo declaró culpable de conspirar para coludir con potencias extranjeras, alegando que había instigado a líderes internacionales a imponer sanciones contra China y Hong Kong. Además, se le imputó por publicaciones en Apple Daily que supuestamente incitaban al odio contra el gobierno central. Lai se declaró inocente en todos los cargos, argumentando que solo defendía los valores democráticos prometidos en la Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984, que garantizaba la autonomía de Hong Kong hasta 2047.

El contexto de esta sentencia se remonta a las masivas protestas de 2019 en Hong Kong, cuando millones de ciudadanos salieron a las calles para oponerse a un proyecto de ley que permitía extradiciones a China continental. Apple Daily cubrió exhaustivamente esas manifestaciones, publicando portadas provocativas que denunciaban la represión policial. Lai mismo participó en marchas pacíficas, lo que le valió arrestos previos por «asamblea ilegal» y fraude. En junio de 2021, las autoridades cerraron Apple Daily, congelando sus activos y deteniendo a editores y periodistas. Ese cierre simbolizó el fin de una era para la prensa independiente en la ciudad, que alguna vez fue un bastión de libertad en Asia.

Priscilla Leung, consejera legislativa de Hong Kong y profesora de derecho, defendió la sentencia en una entrevista televisiva, calificándola de «justa, imparcial e incluso indulgente». Según Leung, quien fue víctima de violencia durante las protestas de 2019, Lai pagó el precio por incitar al caos y colaborar con fuerzas externas que buscaban desestabilizar la región. El Departamento de Estado de Estados Unidos condenó el veredicto como «injusto» y exigió la liberación inmediata de Lai, argumentando que socava las libertades fundamentales. El primer ministro británico, Keir Starmer, había planteado el caso directamente al presidente chino Xi Jinping durante una visita a Pekín el mes pasado, sin resultados aparentes.

Sebastien Lai, hijo del condenado, expresó su dolor en una declaración pública: «Esto es desgarrador. Mi padre ha dedicado su vida a la verdad y la democracia, y ahora enfrenta el resto de sus días en prisión por ello». Amnistía Internacional coincidió en que la sentencia es un «golpe devastador» a la disidencia, advirtiendo que envía un mensaje claro a cualquier voz crítica en Hong Kong. Maya Wang, directora asociada para Asia de Human Rights Watch, señaló que «el caso de Lai ilustra cómo la ley de seguridad nacional se usa para criminalizar el periodismo y el activismo pacífico».

La ley de seguridad nacional, promulgada en julio de 2020 tras las protestas de 2019, ha transformado Hong Kong. Diseñada para combatir la secesión, la subversión, el terrorismo y la colusión extranjera, ha llevado a más de 300 arrestos y el exilio de decenas de activistas. Figuras como Joshua Wong y Agnes Chow ya cumplieron penas, mientras que otros como Nathan Law viven en el extranjero. En el caso de Lai, los fiscales presentaron evidencias como reuniones con funcionarios estadounidenses y artículos que pedían sanciones, interpretados como traición.

Pero ¿quién es realmente Jimmy Lai? Más allá de su rol como magnate, Lai es un católico devoto que ha citado su fe como inspiración para su lucha. En entrevistas pasadas, ha comparado su situación con la de disidentes soviéticos, enfatizando que la libertad no se regala, sino que se defiende. Su biografía, marcada por la pobreza infantil y el éxito capitalista, lo convierte en un símbolo incómodo para el CPC, que lo ve como un agente occidental. Lai posee ciudadanía británica, lo que ha complicado las relaciones diplomáticas entre Londres y Pekín.

La reacción internacional no se hizo esperar. La Unión Europea expresó «profunda preocupación» por el deterioro de los derechos en Hong Kong, mientras que Taiwán, siempre vigilante ante las ambiciones chinas, lo citó como ejemplo de la amenaza a la democracia en la región. En Londres, el gobierno británico anunció la expansión de un esquema de visas para residentes de Hong Kong, permitiendo a más personas con pasaportes BNO (British National Overseas) emigrar al Reino Unido. China respondió calificando la medida de «despreciable e intervencionista», intensificando las tensiones diplomáticas.

En Hong Kong, el ambiente es de resignación. Las calles que mantenían protestas en 2019 ahora están tranquilas, con una fuerte presencia policial y autocensura en los medios restantes. Periódicos como South China Morning Post, más alineados con Pekín, cubrieron la sentencia de manera neutral, enfocándose en la «estabilidad» restaurada. Sin embargo, en foros en línea y conversaciones privadas, muchos hongkoneses lamentan la pérdida de su identidad única, esa mezcla de Oriente y Occidente que Lai encarnaba.

Las implicaciones de esta condena van más allá de un hombre, representa el cierre definitivo de la era «un país, dos sistemas», prometida por Deng Xiaoping en los 80. Analistas como Sophie Richardson de Human Rights Watch argumentan que Pekín usa Hong Kong como laboratorio para suprimir disidencias, con posibles repercusiones en Taiwán y Xinjiang. En términos económicos, la ciudad ha visto una fuga de talentos y capitales, con empresas occidentales reacias a invertir en un entorno cada vez más opaco y hostil.

Mientras Lai apela la sentencia desde su celda en la prisión de máxima seguridad de Stanley, su legado persiste. Apple Daily, aunque cerrado, inspiró a una generación de periodistas que ahora operan en el exilio, publicando en plataformas digitales. Su historia recuerda que la lucha por la democracia no termina con una condena; al contrario, a menudo se fortalece en la adversidad.

El caso de Jimmy Lai es un recordatorio sombrío, a sus 78 años, enfrenta un futuro incierto, pero su voz, amplificada por décadas de periodismo valiente, no se silencia fácilmente. Hong Kong, la perla de Oriente, sigue cambiando, pero el espíritu de resistencia que Lai representó podría reaparecer en formas inesperadas. La comunidad internacional observa, preguntándose si esta sentencia es el fin o solo un capítulo más en la larga batalla por las libertades en Asia.

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