Midland, Texas – 20 de enero de 2026 – El desierto del Permian Basin, durante décadas sinónimo de pozos petroleros, torres de perforación y el rugido constante de las bombas extractoras, acaba de dar un paso gigante hacia el futuro. El satélite comercial más grande de la historia ya orbita la Tierra: se trata del BlueBird 6 de AST SpaceMobile, un coloso tecnológico ensamblado en las instalaciones de la empresa en Midland, Texas, corazón del Permian Basin. Lanzado exitosamente el 23 de diciembre de 2025 desde el Centro Espacial Satish Dhawan en India, a bordo de un cohete LVM3 de la agencia espacial india ISRO, este satélite no solo rompe récords, sino que simboliza cómo el petróleo y la innovación espacial están convergiendo en uno de los rincones más áridos y productivos de Estados Unidos.
Con una antena de phased array que se despliega hasta casi 2,400 pies cuadrados –equivalente a tres veces el tamaño de las anteriores BlueBird 1-5–, BlueBird 6 se ha convertido en el arreglo de comunicaciones comerciales más grande jamás desplegado en órbita baja terrestre (LEO, por sus siglas en inglés). Pesando alrededor de 6,100 kilogramos al lanzamiento, fue el payload más pesado que el LVM3 ha llevado jamás al espacio, según confirmó ISRO. Una vez en posición, el satélite desplegó su enorme estructura solar y de antena, capaz de entregar conectividad 4G y 5G de alta velocidad directamente a teléfonos celulares comunes, sin necesidad de hardware especial ni antenas adicionales. AST SpaceMobile promete velocidades pico de hasta 120 Mbps, con capacidad para cubrir áreas remotas donde las redes terrestres no llegan, desde zonas rurales hasta océanos y regiones en desarrollo.
Lo extraordinario no es solo el tamaño o la tecnología, sino el lugar donde nació este satélite. Midland, una ciudad de poco más de 130,000 habitantes rodeada por el vasto desierto del Permian Basin, ha sido durante generaciones el epicentro de la fiebre del shale oil. Aquí, empresas como ExxonMobil, Chevron y Diamondback Energy han extraído billones de barriles, impulsando la economía de Texas y contribuyendo a la independencia energética de Estados Unidos. Pero en los últimos años, algo ha cambiado. AST SpaceMobile, fundada por Abel Avellan, eligió Midland en 2018 como sede principal tras una búsqueda competitiva en Norteamérica. Hoy, la compañía opera cinco instalaciones en la región, incluyendo un campus de 185,000 pies cuadrados en el Midland Spaceport Business Park, junto al Aeropuerto Internacional y Espacial de Midland. BlueBird 6 fue ensamblado, integrado y probado allí, desde materiales crudos hasta el producto final listo para el lanzamiento.
“Texas siempre será nuestro hogar”, declaró Avellan en un comunicado reciente. La expansión no se detiene: la empresa ha sumado sitios nuevos en Midland y en Homestead, Florida, alcanzando medio millón de pies cuadrados de manufactura en EE.UU. y empleando a más de 1,800 personas, la mayoría en West Texas. Este crecimiento ha duplicado la fuerza laboral en solo meses, atrayendo ingenieros aeroespaciales, técnicos en electrónica y especialistas en manufactura avanzada a un lugar donde antes dominaban los perforadores y geólogos petroleros.
El auge no es aislado. El Permian Basin, con su combinación de mano de obra calificada, infraestructura energética abundante y acceso a aeropuertos con capacidad para cargas pesadas, se está posicionando como un hub emergente para la industria espacial y de defensa. El Midland International Air & Space Port, uno de los pocos spaceports con licencia federal en Texas, ofrece ventajas únicas: proximidad a proveedores, bajo costo de vida comparado con California o Florida, y una comunidad acostumbrada a proyectos de gran escala. AST SpaceMobile no está sola; otras firmas aeroespaciales y de satélites han empezado a mirar hacia el desierto. El Spaceport Business Park atrae inversión en manufactura de alta tecnología, mientras que la proximidad a bases militares y centros de datos –alimentados por el gas natural abundante del Permian Basin– refuerza el ecosistema.
Esta convergencia entre petróleo y espacio no es casual. El boom del shale ha generado riqueza que financia diversificación: universidades locales como Midland College capacitan en oficios avanzados, y el gobierno estatal promueve incentivos para industrias emergentes. Mientras el petróleo enfrenta volatilidad –con precios rondando los 60 dólares por barril y proyecciones de producción plana en 2026–, el sector espacial ofrece empleos de alto salario y futuro a largo plazo.
BlueBird 6 es solo el comienzo. AST SpaceMobile planea lanzar BlueBird 7 pronto –ya llegó a Florida para integración– y apunta a una constelación de 45 a 60 satélites para finales de 2026. El objetivo: una red de banda ancha celular desde el espacio que conecte a los no conectados, desde el desierto del Sahara hasta comunidades indígenas en América Latina, y que sirva también para aplicaciones gubernamentales y de defensa. En Midland, el impacto ya se siente: más empleos calificados, inversión en infraestructura y un cambio en la narrativa local. “De pozos a satélites”.
El lanzamiento de BlueBird 6 representa un triunfo para Texas y un recordatorio de que incluso en el desierto más árido pueden germinar ideas que cambian el mundo.
Mientras el satélite orbita a cientos de kilómetros sobre nuestras cabezas, en Midland las luces de las instalaciones de AST SpaceMobile brillan toda la noche. El Permian Basin, cuna del petróleo moderno, está escribiendo un nuevo capítulo: uno donde el cielo, no solo la tierra, es la frontera.
